miércoles, 27 de junio de 2018

El primer paso

Cuando terminé la maestría en Abril de 2015 estaba quebrado, tenía una deuda de aproximadamente 90,000.00 pesos que adquirí con tarjeta de crédito y un préstamo. En aquel entonces había decidido dejar el campo de la biotecnología y estaba buscando ofertas laborales en alguna empresa privada, no importaba qué fuera, yo quería alejarme, sentía que eso no era para mi. Sin embargo, no fue hasta Julio de ese mismo año en el que se presentó la oportunidad que lo cambiaría todo, fue una de las decisiones más difíciles que he tomado y esa fue ¡Continuar con el doctorado!

Les voy a contar cómo fue que tomé esta decisión que cambiaría mi vida

Primero, la Dra Gracia, mi asesora de tesis de maestría, me ofreció un contrato por dos meses para poder sacar algo de trabajo pendiente, PERO, con la condición de que debía continuar con el doctorado. Ya con el contrato en mano y con la urgencia del dinero, tuvieron que pasar dos semanas hasta tomar la decisión. Primero, si iba a continuar con esto tenia que estar 100% seguro de qué es lo que quería y dónde me veía a futuro. Para ese entonces ya tenía algunos años con una mentalidad de emprender mi propio negocio, así que pensé que podía ser buena oportunidad. Aprendiendo de errores del pasado me propuse, que si entraba al doctorado, no volvería a terminar así como terminé la maestría. Tenía que organizarme bien con mis gastos y las deudas para poder capitalizarme y que al terminar el doctorado pudiera tener un negocio, no me importaba de qué, pero necesitaba algo que me pudiera dejar dinero y además creado por mi.

Siempre me pregunté, desde que era un adolescente, por qué México compraba tecnología a EE.UU., por qué no podíamos generar nuestra propia tecnología, mejor y más barata. Al terminar la maestría y en ese lapso entre entrar o no al doctorado, me propuse que tenía que generar un producto a base de mi tesis, algo que pudiera redituar, de manera económica, al centro de investigaciones en el que me encuentro, algo que sirviera para poder pagar más proyectos de investigación o becar a más estudiantes, ya que los apoyos del gobierno se iban reduciendo año con año. 

Mi tesis de maestría fue sobre la producción de la hormona de crecimiento del huachinango (Lutjanus peru) en una levadura y una microalga, pensamos que podía ser una buena herramienta para sobrellevar los cuellos de botella en la producción de este pez en cultivos, pues sufría de una altísima mortalidad en los primeros días despúes de la eclosión. Investigamos sobre la factibilidad de patentar nuestra construcción y oh sorpresa, no se podía porque utilizabamos el promotor 35S del virus del mosaico de la coliflor (35S CaMV), secuencia que ya estaba patentada.

Para mi trabajo de doctorado yo propuse inicialmente que generaramos nuestro propio casette de expresión de genes en células vegetales, pero Gracia me puso un poco los pies en la tierra y me dijo que fueramos por partes. Hoy me encuentro caracterizando secuencias de promotores de maíz que tienen potencial aplicación en la producción de proteínas heterólogas en células vegetales, desde cultivos agrícolas hasta microalgas. Estamos dando el primer paso, el camino será largo, pero sé que algún día serán implementados. Mientras tanto, no pienso esperar hasta que esos promotores se utilicen. No soy el único de mi grupo de trabajo que está desarrollando investigación que pueda ser aplicada. Mi amiga, la M.C. Carolina Garciglia, ya desarrolló un kit de detección de elementos transgénicos en cultivos, a través de una técnica rápida y económica, afortunadamente hoy y debido a una serie de eventos relacionados con emprendimiento y a las mismas relaciones académicas, somos socios fundadores de Bioera México, el camino no ha sido fácil, vienen muchos retos por delante que sé que vamos a sacar y representaremos un ejemplo a seguir en la comunidad científica de México.

Den el primer paso, arriesguen, intenten, prueba y error, verán que tarde que temprano estarán del lado que quieren estar.

hgarza


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